1 de julio de 2017

Multa a Google

Como todo el mundo sabe, el organismo de la UE encargado de velar por la libre competencia ha impuesto a Google una multa de 2.420 Millones de € por abuso de posición de mercado. Aparte de ser una multa récord en la historia de la defensa de la libre competencia, supone más de un 10% sobre el beneficio que obtuvo Google en el ejercicio 2016. Es decir, no son peanuts. Yo, que soy defensor, como todos los que me leéis sabéis del capitalismo, me pregunto, ante esta situación sin recedentes, si me parece que esta multa es justa. No entro en la determinación de la cuantía, que es una cuestión cuantitativa, sino en el hecho en sí, cuestión cualitativa. Es decir, no hablo del huevo sino del fuero.

Y mi reflexión me lleva, no sin dudas y en una primera derivada, a creer que sí, que la multa es justa. Sin embargo, por otro lado, despierta en mí una aprensión y un recelo no despreciables. Trataré de expresar brevemente mi razonamiento ante mi aceptación y mi recelo y llegar a la conclusión de lo que opino en una segunda derivada.

Como todo el que me lee sabe, creo en el capitalismo. Creo que es una de las “cosas” que más ha beneficiado a la humanidad en su Historia. La que más si hablamos en términos de riqueza y prosperidad material. Hace muchos años llamé al capitalismo “la increíble máquina de hacer pan”. Y creo que lo es. Pero la esencia del capitalismo, lo que permite que cree la inmensa prosperidad que ha creado, es la libre competencia. Y la libre competencia se basa en la libre capacidad de elegir del consumidor y ésta, a su vez, se basa en la transparencia y veracidad de la información que éste recibe. Por eso estoy en contra de todo monopolio u oligopolio dado a dedo por el poder político. Rechazo frontalmente todo tipo de prebendas dadas por cualquier tipo de poder político que den ventaja a una o unas pocas empresas, las que sean, sobre el resto. No hago extensible mi rechazo a las ventajas competitivas que una compañía obtiene por su buen hacer, por su ingenio o por su visión estratégica. En un mundo empresarial como el actual en el que es cada vez más cierto lo de que “al camarón que se duerme se lo lleva la corriente”, Google tiene, sin lugar a dudas, el mejor buscador del mundo, y lo tiene, también sin lugar a dudas, por méritos propios. Pero si mañana se durmiese en los laureles, se vería desbordado, cómo hizo él desbordando a Yahoo y éste a Altavista, etc. Por tanto, nada que objetar a esta posición de dominio en el mercado de buscadores. El que quiera desbancarle, que espabile y que haga algo que sea mejor para mí y para varios miles de millones de personas. Si la multa hubiese sido por esta situación de dominio, estaría absolutamente en contra.

Pero la multa no ha sido por ese dominio, sino por el abuso de ese dominio en otros campos distintos del de los buscadores. Google tiene un servicio que es el de Google Shopping que suministra información de precios sobre una inmensa gama de productos y servicios, algunos de los cuales son suyos. Y cuando se usa ese servicio, el buscador no busca lo mejor y lo pone lo primero delante del que realiza la búsqueda. Google Shopping pone delante sus propios servicios en competencia cuando los tiene. Es decir, el buscador vulnera su propias regla –proponerme lo que cree que mejor se adpata a lo que yo busco– para proponerme lo que más le conviene a él. Y es sabido que los consumidores se dejan guiar por lo que ven primero, haciendo un caso rápidamente decreciente a lo que aparece en segundo, tercer y sucesivos lugares. Podría pensarse: “Claro, si el buscador es suyo, ¿por qué no va a poder poner sus productos en primer lugar?”. La pregunta parece lógica y para explicar por qué ese comportamiento es dudoso, hay que ir a las fuentes, es decir, a la razón por la que el capitalismo ha sido la mayor fuente de prosperidad material de la humanidad. Y esa causa, como se ha dicho antes es la libertad del consumidor para elegir los productos y servicios que más le convengan. Y, como también se ha dicho antes, esa libertad requiere transparencia veracidad y equidad de la información. Es precisamente contra esa transparencia y equidad, que no contra la veracidad, pilares del capitalismo, contra lo que atenta el uso que Google hace de su absoluto dominio de mercado. Digamos que el capitalismo puede tener algo similar a lo que en el caso de los humanos se llaman enfermedades autoinmunes. Son enfermedades en las que el propio organismo genera anticuerpos contra sí mismo, es decir, crea algo que perjudica su propio funcionamiento. A ninguna empresa le gusta la competencia. Pero es la competencia la que hace eficiente y benéfico al capitalismo. Si una a empresa pretende prevalecer sobre otra por medios diferentes de la calidad de lo que vende en ese mercado  específico, está perjudicando el funcionamiento y la salud del sistema. Por eso me  parece justo, en primera derivada, que se considere un abuso de dominio la práctica de Google y, por tanto, se multe.

Hasta aquí mi rationale sobre por qué creo que la multa es, en su esencia, justa. Ahora mis aprensiones.

Mi recelo nace de dos frentes. El primero es el hecho innegable de que a los estados, o más precisamente, a los funcionarios que los dirigen, les apasiona intervenir en todos los ámbitos de actuación humana. Es una manera de reafirmar un poder. Por tanto, sentar un precedente en estos asuntos, por muy razonable que sea, me parece peligroso. Mañana podrían decidir que Mercadona, por poner un ejemplo, tuviese que tener todas las marcas de chocolate del mundo y que las tuviese que exhibir a todas con el mismo espacio de lineal que, a su vez, fuese el mismo de su marca propia. Naturalmente, el hecho de que Mercadona no tenga todas las marcas de chocolate ni las exponga todas igual ni de la misma forma que a su marca propia qué, por otro lado, no fabrica ella, no supone ningún abuso de posición dominante de mercado, por la sencilla razón de que Mercadona no tiene una posición dominante del mercado de la distribución aunque sea líder del mismo en España. Existe un dicho muy cierto que avisa de que “en el comer y en el rascar, todo es empezar”. Y cuando un funcionario empieza a regular cualquier cosa, aunque al principio sea con razón, existe el serio peligro de que acabe regulando cosas que supongan un importante freno para la creación de riqueza, bienestar y prosperidad. Además, a menudo la regulación que da poder a los funcionarios que administran el estado, es una fuente de corrupción ya que permite a éste “vender” al mejor postor la orientación de dicha regulación. Lo que acabaría haciendo que, de facto, volviese a ser el poder político –como lo era hace tres siglos y lo sigue siendo en los países pobres– quien definiese, muy a menudo por razones inconfesables, quién puede y quien no puede ganar dinero y cuánto.

La segunda fuente de mi recelo es más sutil y más indirecta, pero no por ello menos importante. Estriba en el hecho de que multar a Google para que ponga a todos las empresas que compiten con Google Shopping en igualdad de condiciones puede desincentivar  a éstas –que son también empresas del mundo de la tecnología de la información– para que luchen por desbancar a Google de lo que le da su posición de dominio, es decir, su buscador. Si no necesito tener un buen buscador para competir, ¿para qué me voy a gastar dinero en desarrollarlo? Y este conformismo que desincentiva a esas empresas a mejorar, es algo que también daña a la esencia del capitalismo.

Por otro lado, lograr la transparencia e igualdad de oportunidades totales es un imposible que ningún estado puede lograr. Sin embargo, en su intento de lograrlo más allá de algún caso muy excepcional, puede dañar los pilares de la increíble máquina de hacer pan que es el sistema capitalista, hasta el punto de hacerla inservible o tan ineficiente que sea inútil.


Así pues, después de este periplo de ida y vuelta, ¿creo que el hecho de multar a Google es justo? Sin tener un convencimiento firme, me atrevo, sin embargo, a decir que no. Que considerado el asunto con una visión de perspectiva, creo que es mejor dejar a Google ser Google y que, quien quiera y pueda, luche por el premio de arrebatarle su posición de dominio tan pronto como se descuide. Como ha pasado siempre con los líderes absolutos que dejan de reinventarse confiando en su superioridad. Y que la increíble máquina de hacer pan siga funcionando.

P.D. En otro medio por el que he difundido este post he tenido dos comentarios que creo que merecen la pena que incluya:

PRIMER COMENTARIO

A los profanos, también llamados ciudadanos, nos da la impresión de que Bruselas solo sirve para reñir. Para poner multas, dar advertencias, fijar normas de procedimientos,... Cada vez me recuerda a la FIA y sus erráticas normativas que cambia cada cuatro meses.


Quizás fuera más necesario que los ciudadanos viéramos a Bruselas como un generador de ilusiones sobre este hogar común que llamamos Europa. 

SEGUNDO COMENTARIO

"Por tanto, sentar un precedente en estos asuntos, por muy razonable que sea, me parece peligroso. Mañana podrían decidir que Mercadona, por poner un ejemplo, tuviese que tener todas las marcas de chocolate del mundo y que las tuviese que exhibir a todas con el mismo espacio de lineal que, a su vez, fuese el mismo de su marca propia. Naturalmente, el hecho de que Mercadona no tenga todas las marcas de chocolate ni las exponga todas igual ni de la misma forma que a su marca propia qué, por otro lado, no fabrica ella, no supone ningún abuso de posición dominante de mercado, por la sencilla razón de que Mercadona no tiene una posición dominante del mercado de la distribución aunque sea líder del mismo en España."

Google tampoco tiene una posición dominante en el comercio electrónico, ni en la UE, ni en USA. La multa se justifica porque cuando alguien busca en Google un artículo, este promociona sus productos por encima del resto, pero considera irrelevante si la gente busca en otros sitios además de Google. No obstante, a diferencia de las búsquedas genéricas en internet, cuando la gente busca artículos para comprar puede que lo haga a través de Google, pero también o incluso antes, a través de Amazon, eBay, eDreams, Trabber y un largo etc de comparadores online genéricos o específicos para cada producto. Es más, lo que ha propiciado internet y en gran medida e irónicamente Google, es que la gente antes de decidirse a comprar, compara los productos de varias fuentes de información. Esto es así mucho más que en un supermercado porque nadie va a 7 supermercados para ver qué productos tienen y a qué precio y luego compra en cada uno aquellos que más le convencen. Si tú vas a Mercadona y no tienen tu marca de chocolate, compras la que hay (en el caso de Mercadona normalemente la marca blanca) porque qué pereza ir solo a Carrefour solo a por su chocolate. Al final solo te cambias si esa falta de productos es muy reiterada.

Por otro lado no sé si tú o alguien conocido alguna vez habéis comprado algo a través de Google (yo nunca, nada) y si lo habéis hecho, cuántas más veces ha sido que en Amazon o cualquier otra plataforma de comercio electrónico (lo cual refuerza el hecho de que Google no tiene posición dominante en comercio electrónico de la que abusar). En base a esto, dudo mucho que el beneficio de Google Shopping llegue a ser siquiera un 1% del total y que a su vez este supuesto abuso suponga una parte muy importante de este beneficio. Por lo tanto la multa, además de injusta es desproporcionada.


La multa a Google es una decisión política de los burócratas Europeos que tienen que buscar a alguien a quien joder para justificar su existencia y que además la gente piense que les estén protegiendo. Se han pasado años buscando un motivo y han encontrado uno que está traído por los pelos. El próximo en caer será Amazon. Aun no sé porqué pero lo será. Luego nos quejaremos de Trump y diremos que no entendemos el Brexit...

1 comentario:

Yoyano dijo...

Apoyo las dudas del autor, y los dos comentarios que siguen.

Que los gobiernos no se metan en el funcionamiento de las empresas mientras estas no violen con absoluta claridad la legalidad, debería ser un Tabú tan fuerte, que cualquier funcionario que lo violara debería sentirse muy mal, y así se lo debería hacer sentir toda la sociedad.

En este y muchos otros casos de trasngresiones, y más aún cuando son difícilmente comprobables, deberían ser dejadas de lado.

El Tabú, es más importante que estas pequeñas transgresiones.