21 de mayo de 2018

¿Quién es el culpable de la masacre de Gaza de la semana pasada?


Empiezo por declarar abiertamente que en el conflicto israelí-palestino soy, con algunas sombras y reservas, claramente pro israelí. La masacre de Palestina de la semana pasada, con 62 muertos, uno de ellos un bebé, podría ser una de esas sombras y reservas. Pero, aunque estremecido por esa masacre, no altero ni un ápice mi pro israelismo. Y no lo hago, porque creo que hay un culpable fundamental de esas muertes y ese culpable se llama Hamas. Pero para explicar mi pro israelismo de base debo remontarme en el tiempo, porque si no se conocen los antecedentes de la historia próxima de una situación, es imposible formarse un criterio ni siquiera aproximadamente ajustado sobre el tema. Haré este recorrido en el tiempo lo más telegráficamente que sea capaz, en orden cronológico, dejando de lado los antecedentes bíblicos que en modo alguno me parece que puedan otorgar ningún derecho a los judíos. Pero también debo decir que jamás en la historia ha habido un estado palestino. El territorio que hoy se conoce como Palestina jamás ha sido un estado palestino. Cananeos, fenicios, judíos, babilonios, persas, griegos, romanos, omeyas, abasíes, turcos y británicos han dominado esa zona desde hace más de 4.000 años. Pero jamás los palestinos han tenido soberanía sobre esos territorios ni han tenido, ni pretendido tener, un estado asentado en ellos. Por tanto, ninguno de los dos, ni judíos ni palestinos, reivindican un derecho histórico. Sólo tras esta revisión cronológica, relativamente reciente desde la perspectiva histórica anterior, daré mi opinión.

Circa 1880: empieza la inmigración judía a Palestina. Palestina está bajo la dominación turca. Los judíos llegan huyendo de pogroms, en gran medida de Rusia, y compran tierras a los palestinos que las habitan, a unos precios que a éstos les parecen estúpidamente altos por parte de los judíos. Los palestinos hacen cola para vender sus tierras. Loa judíos que las compran las cultivan pacíficamente. Por primera vez son cultivadas esas tierras que sólo habían servido para pastos de una ganadería de pastoreo.

1915, se estima en unos 87.000 la población judía de Palestina, frente a unos 590.000 no judíos. No hay enfrentamientos serios entre ellos.

1917, Francia e Inglaterra empiezan a hablar vagamente del hogar nacional judío.

1921. Tras la 1ª Guerra Mundial, los británicos mantienen Palestina como un protectorado. En este año liberan a Amín al-Husayni, palestino nacido en Jerusalén, profundamente antisemita, que había luchado con los alemanes en la 1ª Guerra Mundial. Le nombran Gran Muftí de Jerusalén y es elegido como Presidente del Consejo Supremo Musulmán.

1929-36. Bajo el mando de Husayni se producen matanzas en masa de colonos judíos y se mata también a muchos palestinos moderados. Los británicos le expulsan de Palestina. Se va a Alemania, donde colabora con los nazis en la “solución final”.

1933-45. La persecución nazi contra los judíos provoca un éxodo masivo de éstos a Palestina. Su número alcanza los 600.000.

1929-48. Gran Bretaña, mientras que por una parte impulsa el reparto en dos estados, mantiene a los judíos atados de pies y manos y trata de impedir la inmigración de éstos a Palestina. Esto provoca la aparición de grupos terroristas radicales judíos como el Irgún y Stern. Su terrorismo iba dirigido, fundamentalmente, contra los británicos. El atentado más sonado fue la voladura del hotel King David en 1946, causando 92 muertos. La Haganá, que después será el ejército israelí, se opone abiertamente a los métodos de estas organizaciones terroristas judías.

1948. La ONU establece la creación de dos estados en Palestina, uno judío y otro árabe palestino. Las fronteras entre ambos están diseñadas como un puzle sin sentido. Israel, con un tercio de la población tiene el 54% de la superficie, pero un 80% de la misma es el desierto del Negueb. Jerusalén queda como un enclave en territorio palestino, bajo la autoridad de la ONU. Israel acepta la partición. Pero los palestinos no lo hacen y, aliados con Siria, Egipto, Jordania, Líbano y otros estados árabes, están convencidos de que echarán a los judíos al mar. Los británicos entorpecen todo lo que pueden la preparación de la defensa de los israelíes. Tan pronto como el último soldado británico sale de Palestina empieza el ataque de los árabes. Es mi opinión que el plan de los británicos era precisamente que ocurriese eso. Ellos lavaban su conciencia con la creación del Estado de Israel y, si luego los palestinos y el resto de los países árabes les echaban, un problema menos. Contra todo pronóstico, Israel gana la guerra y se anexiona el territorio palestino, menos la Cisjordania que, junto con Jerusalén, se la quedó Jordania y la franja de Gaza, que se la quedó Egipto. En la guerra, la ONU abandona Jerusalén e Israel se queda con una parte de la ciudad, y un corredor que la unía con sus territorios. Así pues, la Nakba, el Desastre, la Tragedia, no fue sólo obra del estado de Israel, sino también de Egipto y Jordania que se cobraron a buen precio su ayuda en la fallida guerra. Y, por parte de Israel no fue un acto gratuito, fue consecuencia de una guerra iniciada por los palestinos y los países árabes circundantes, para acabar con su existencia.

1952. Los palestinos que decidieron quedarse en el Estado de Israel, cerca de un millón y medio y del 20% de la población, gozan de la nacionalidad israelí y, aunque en muchas ocasiones sus derechos civiles no son respetados, sus derechos políticos sí lo son. Pueden formar partidos políticos, votar, tienen representación en el Parlamento israelí (Knesset), etc. No hay un solo palestino con nacionalidad israelí que desee renunciar a ella. Los palestinos que se quedaron en las zonas ocupadas por Egipto o por Jordania fueron confinados en campos de concentración y posteriormente expulsados. La mayoría acabaron por refugiarse en el Líbano.

1956. Nasser se alía con Siria y Jordania, cierra el paso al puerto de Israel en el golfo de Accaba, en el mar rojo y toma el canal de Suez con el fin de estrangular el comercio de Israel. Israel inicia una guerra que gana, conquistando la franja de Gaza y la península del Sinaí. La ONU para la guerra consiguiendo un pacto con Israel para que éste devuelva a Egipto la franja de Gaza y permita que el Sinaí, quede bajo la custodia de la ONU.

1967. Nasser vuelve a cerrar el paso de Israel al mar rojo y expulsa a las fuerzas de la ONU de la península del Sinaí. Israel inicia la guerra de los 6 días y toma otra vez la franja de Gaza y el Sinaí, así como Cisjordania y los altos del Golán a Siria. Esta vez no los devuelven y empiezan a fundar colonias judías en estos territorios conquistados. En estos momentos hay más de medio millón de colonos judíos y unos 125 asentamientos en los territorios ocupados.

1973. Tropas egipcias, sirias, irakíes y jordanas atacan a Israel el día del Yom Kippur (6 de Octubre). El servicio secreto israelí (El Mossad) conocía el ataque, pero deja que se produzca para que no se le pueda acusar de haber iniciado la guerra, como en las dos guerras anteriores. Comete un error de cálculo y está a punto de perderla. Pero pronto reacciona y la retirada inicial se transforma en un contraataque. Llegaron a 40 Km de Damasco, reconquistaron el Sinaí y cruzaron el canal de Suez, entrando en Egipto y embolsando al Tercer Ejército egipcio. El 26 de Octubre, Israel, presionado por EEUU y la Unión Soviética, para la ofensiva y abandona los territorios de Egipto y Siria en los que había penetrado, con excepción del Sinaí y los altos del Golán. Golda Meir afirmaría más tarde que los países árabes podían permitirse muchas derrotas, pero Israel no podía permitirse ninguna. La del Yom Kippur estuvo a punto de ser la primera, la última y la definitiva derrota de Israel, y la desaparición de su estado.

1978. Camp David I. Israel y Egipto firman la paz. Egipto reconoce el estado de Israel. Israel devuelve el Sinaí desmantelando las colonias instaladas allí y se elabora una hoja de ruta para establecer una Autoridad Nacional Palestina en Gaza y Cisjordania, si bien, bajo la supervisión israelí y en territorio considerado como suyo. Al Fatah renuncia formalmente al terrorismo y se convierte en el interlocutor por parte de la Autoridad Nacional Palestina.

1981. Anwar el Sadat es asesinado por radicales musulmanes por este acuerdo.

1982. Israel invade el Líbano desde donde los palestinos, con el apoyo de Siria, lanzan continuos ataques sobre el norte de Israel. Nacen las milicias de Hezbolá de inspiración chiita, mantenidas y armadas por Irán.

1987. Cuatro jóvenes palestinos mueren atropellados por un camión militar israelí. Empieza la primera intifada (rebelión)

1993. El tratado de Oslo pone fin a la primera intifada.

1994 Isaac Rabin firma la paz con Jordania.

1995 Isaac Rabin es asesinado por colonos judíos.

1995. El Congreso de los EEUU, bajo la presidencia de Bill Clinton, decreta que la embajada de su país en Israel se traslade a Jerusalén. Desde entonces, todos los presidentes de los EEUU, Clinton, Bush hijo y Obama, cada seis meses, han utilizado la exención presidencial para retrasar el cumplimiento de ese mandato del Congreso, aludiendo cuestiones de seguridad nacional.

2000. Israel se retira del Líbano. El sur de este país queda en manos de Hezbolá. Guerra civil en el Líbano.

2000. Camp David II. Yaser Arafat participa en representación palestina, aleccionado por el precedente del asesinato de Sadat. Israel, bajo la presión de EEUU va haciendo propuestas cada vez con más concesiones. Arafat las rechaza todas.  La última suponía la eventual creación de un estado palestino con toda la franja de Gaza, el 91% de Cisjordania, un corredor que uniese las dos partes y la división de Jerusalén en dos partes, con la tutela de la explanada de las mezquitas por la Autoridad Nacional Palestina. No se aceptaba el regreso inmediato de los palestinos del Líbano, pero se preveía una batería de medidas económicas para su inserción paulatina en el estado palestino cuando éste se estableciese tras una hoja de ruta. Arafat rechaza la propuesta indignado, sin hacer ninguna contrapropuesta. Camp David II fracasa.

Diciembre 2000. Ariel Sharon entra escoltado en la explanada de las mezquitas. Esto provoca la ira de los palestinos. Al día siguiente éstos, desde arriba, lanzan piedras a los creyentes judíos que rezaban en el muro de las lamentaciones. El ejército israelí abre fuego y mata a siete palestinos. Esto da inicio a la segunda intifada que causa más de 4000 muertos, 1000 de ellos israelíes.

2004 Sharon desmantela 17 asentamientos judíos de la franja de Gaza con 7500 colonos.

Diciembre de 2004. Muere Arafat.

2005. Abu Mazen, antiguo terrorista que se había convertido en moderado, es elegido presidente de la ANP. Junto con Sharon pacta el fin de la segunda intifada. Pocas horas después, Hamas, movimiento yihadista profundamente implantado en Gaza y catalogado como organización terrorista por países como la UE, los EEUU, Japón, Canadá o Australia, inicia u ataque con morteros sobre territorio israelí.

2006 Hamas gana con mayoría absoluta las elecciones de la ANP. Hezbolá intensifica sus ataques desde el sur del Líbano. Nueva invasión del Líbano por Israel. Israel cede el control del sur del Líbano a los cascos azules de la ONU.

2007. Abu Mazen, como presidente de la ANP convoca elecciones anticipadas. Hamás, dueña de Gaza, persigue y expulsa de allí a los de Fatah, el partido moderado de Abu Mazen. Éste se queda en Cisjordania y Hamás gobierna en Gaza sin oposición de ningún tipo. Israel inicia el bloqueo de Gaza. Pero Hamas recibe armamento de otros países árabes. Dispone de misiles que pueden alcanzar cualquier punto de Israel y perfora túneles por debajo de la frontera, desde donde lanza ataques por tierra a Israel. Sólo el que Israel posea escudos antimisil evita masacres.

2014. Tras sufrir varios ataques con misiles, Israel lanza un ataque masivo contra Hamás en Gaza para destruir estos misiles y cegar los túneles que atraviesan la frontera.

2018. Trump decide no usar la exención presidencial y dar curso al mandato del Congreso de llevar la embajada de los EEUU de Tel Aviv a Jerusalén.

Tras este recorrido cronológico a vuelo de pájaro, mi opinión. Como he dicho al principio, me declaro abiertamente pro israelí. Creo que, a la vista de la precedente cronología de los hechos, caben pocas dudas de por qué lo soy. Si alguien no lo ve, me siento incapaz de explicárselo en unas líneas. No me meteré a decir si la resolución de la ONU de 1948 sobre la creación de los dos estados fue justa o injusta o si estaba bien o mal implementada. Pero me caben pocas dudas de que si no hubiera sido por el radicalismo anti israelí por parte de los palestinos, el resto de países árabes e Irán, hace tiempo que el problema palestino estaría resuelto y que los palestinos vivirían infinitamente mejor de como lo hacen ahora.

Pero, vamos al asunto de la masacre de la pasada semana. No veo ninguna razón objetiva por la que un país democrático soberano no pueda llevar su embajada al lugar que le plazca dentro de otro estado soberano. Máxime cuando la decisión ha sido tomada por el Congreso de ese país hace 23 años. ¿No era el momento oportuno? ¿Cuándo es el momento oportuno? ¿Oportuno para quién? Por tanto, la ira desatada por ese motivo no tiene, a mi modo de ver, ninguna justificación. Esa ira está, además, inducida y envenenada por un grupo terrorista. Con esa excusa, Hamás ha lanzado desde Gaza hacia Israel a más de 40.000 personas, es decir, una auténtica marea humana desatada. Creo que un país tiene el derecho de defender sus fronteras contra una marea humana que las desborda con fines violentos. ¿Hasta dónde habría que haberles dejado llegar? ¿Hasta Jerusalén? ¿Cuál era el lugar en el que habría que detenerles? ¿Ninguno? Por otro lado, no es nuevo el hecho de que en las revueltas de los países árabes –y musulmanes en general– contra países occidentales, se utilicen escudos humanos o se ponga a mujeres y niños en la avanzadilla. ¿Alguien puede explicar qué hacían bebes en la avalancha que intentaba asaltar Israel? Sólo hay una explicación. Estaban ahí, enviados por los radicales y radicalizados para ver si morían y esto levantaba la indignación del mundo.

Puede pensarse que la tecnología militar y de orden público de las que dispone Israel, hace posible que se utilicen métodos suficientemente contundentes, pero no mortales. Puede pensarse, pero hay, sin embargo, un .. si pero…, y un si pero, muy importante a eso que puede pensarse. Las imágenes que se nos enseñan parecen indicar que entre los asaltantes de la frontera únicamente hay jóvenes armados con hondas y tiragomas que, por grandes y potentes que sean son sólo eso, hondas y tiragomas. Pero creo que es indudable que, entre esas imágenes, hay escondidos radicales que no llevan precisamente esas armas, sino otras de mucha mayor capacidad mortífera para las fuerzas israelíes. Y, como es habitual, estos radicales van debidamente mezclados y camuflados entre aquellos a los que inflaman con su radicalismo y mandan armados con hondas y tiragomas. Además de niños. Pero no se puede obviar un dato a mi modo de ver muy relevante. De las 62 víctimas mortales de la masacre 50 eran miembros de Hamás, es decir, terroristas, según la UE, los EEUU, Japón, Canadá y Australia, entre otros países. Ignoro qué proporción de terroristas había en la avalancha humana que intentó pasar la frontera, pero estoy seguro de que la relación era enormemente menor de 50 sobre 62. Lo que quiere decir que el ejército israelí no abrió fuego de forma indiscriminada, sino que tuvo buen cuidado de intentar matar sólo a terroristas. Es ciero, mataron a 12 civiles que no lo eran, un bebé entre ellos. Pero, ¿quién incitó a los civiles de Gaza a ese temerario asalto? ¿Y quién llevó a bebés a ese frente? La respuesta es evidente: Hamás. Por tanto, ¿quién es el responsable de esas muertes? ¿El ejército israelí que intentó, con bastante puntería, abatir selectivamente a los terroristas? ¿O los que lanzaron a jóvenes insensatos, con hondas y tiragomas, acompañados de niños, a un ataque suicida, mezclándose con ellos? Creo que la respuesta no admite muchas dudas. Un magnífico artículo del 23 de Julio de 2014 en El Mundo, en plena crisis de ese verano, firmado por Masha Gabriel, directora de la revista “Medio Oriente”, acababa con la pregunta: “¿Cómo se combate a un enemigo que busca tu muerte a través de la suya?”. Yo añadiría: … y la de sus hijos? Y respondo: No lo sé.

20 de mayo de 2018

Pentecostés: una mirada al cristianismo a través de los dones del Espíritu Santo


Nunca había entendido muy bien qué eran los dones del Espíritu Santo. Suponía que debían ser cosas buenas, pero no me sabía siquiera su lista. Un día que los vi enumerados, me pareció que varios de ellos sonaban a lo mismo. Don de sabiduría, de ciencia, de inteligencia, de consejo. Los mismos perros con distintos collares, pensaba. El de fortaleza me sonaba realmente bien, pero el de piedad parecía un poco triste y, sobre todo, el de temor de Dios me parecía definitivamente contrario a mi creencia en un Dios que era Amor. Desde luego el tema tampoco me importaba demasiado. Una cosa más del galimatías de palabras incomprensibles.

Pero cierto día cayó en mis manos un libro[1] cuyo título llamó mi atención. Se llamaba “Guía de las dificultades de la fe católica”. En el índice había un apartado dedicado a los dones del Espíritu Santo y por ahí lo empecé. Por primera vez en mi vida lo entendí. Desde entonces, algo de mi tiempo de meditación ha estado orientado hacia la comprensión de estos dones. Estas reflexiones mías son las que a continuación plasmo en el papel. Santo Tomás, en la Suma Teológica ha definido mucho mejor de lo que yo nunca pueda hacer, estos dones y, hasta donde sé, de una forma diferente. Creo sin embargo que no es heterodoxa mi manera de verlos y si a mí me ayuda pensar en ellos así, tal vez pueda ayudar también a otros.

El don de ciencia

A mi modo de ver, todo empieza por el don de ciencia. El don de ciencia del Espíritu Santo no discurre por argumentos filosófico-teológicos sobre el conocimiento de Dios. Es una Gracia, que está al alcance de los más sencillos, con independencia de su formación filosófica. Y esta Gracia permite, a cualquier ser humano, remontarse de las criaturas al Creador. Si quien tiene esta Gracia puede, además, buscar y encontrar demostraciones filosóficas, tanto mejor para los demás, porque para él son tan inútiles como unas muletas para el campeón mundial de los cien metros lisos. Es probable que quien lea estas líneas haya experimentado más de una vez un sobrecogimiento casi religioso al contemplar un paisaje grandioso o una noche cuajada de estrellas. Ahí está actuando el don de ciencia. Yo, que a menudo necesito muletas, las he encontrado en la ciencia actual. Las reflexiones que vienen a continuación ni son el don de ciencia del Espíritu Santo ni una demostración de nada. Tal vez estén a mitad de camino entre una y otra, lo que puede querer decir que son un puente o que no son nada. Que cada uno elija.

Si uno contempla una noche cuajada de estrellas puede percibir, más o menos, unos mil puntos de luz. Son en su mayoría estrellas de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. Lo que llamamos Vía Láctea, esa mancha lechosa que cruza el cielo, no es otra cosa que nuestra galaxia, vista desde dentro. Cuando en 1610 Galileo miró la mancha de la Vía Láctea a través de un telescopio por primera vez en la historia, descubrió que estaba formada por muchísimas estrellas. Estaban tan juntas que no se podían ver de forma individual a simple vista. Al ser la galaxia como un disco aplanado, si se mira dentro del plano del disco, se ven tantas estrellas que parecen una mancha lechosa. Pero en el resto de direcciones se ven de forma individual las estrellas de la galaxia que no están en el plano del disco. Se estima que en la Vía Láctea hay unos doscientos mil millones de estrellas.

Pero mirando algunos puntos de luz con un telescopio suficientemente potente, se percibe que no son estrellas, como pudiera parecer a ojo desnudo, sino otras galaxias. Hoy en día, a medida que se construyen telescopios cada vez más potentes, se siguen descubriendo nuevas galaxias. Se estima que puede haber unos cien mil millones de galaxias como la Vía Láctea, con doscientos mil millones de estrellas cada una. Si multiplicamos una cifra por la otra sale la escalofriante cifra de doscientos mil millones de billones[2] de estrellas.

Ahora bien, ¿de dónde ha salido este universo tan inmenso y como se ha formado? Contestar a estas preguntas nos llevaría un libro entero[3], pero casi todos los científicos están hoy día de acuerdo de que el universo nació de un punto sin dimensiones en el que se concentraba toda la materia que hoy lo forma. Ese punto y ese momento, se llama el Big Bang. ¿Qué había antes del Big Bang y por qué ocurrió? Nadie lo sabe y, lo que es más grave, nadie podrá saberlo nunca. Todos los científicos, hasta los pocos que no creen en el Big Bang, admiten que, si éste ha tenido lugar, nunca, ningún aparato de medida, podrá jamás medir lo que había antes. Este tema cae, por tanto, fuera de las fronteras de la ciencia. Sin embargo, abundan las teorías que buscan explicaciones más o menos razonables a lo que había antes. Ninguna de ellas es científica. Yo tengo mi teoría. Científicamente indemostrable, como cualquier otra. Se llama creación de la nada. Y la causa necesaria y suficiente de esa creación de la nada se llama Dios. Si bien es cierto que yo no puedo demostrarla, no es menos cierto que nadie puede refutarla. La ciencia del siglo XX ha abierto la puerta a la Creación y, por lo tanto, a Dios. Si el Espíritu Santo nos concede su don de ciencia, podremos franquearla.

Pero, sin intentar, ni mucho menos, agotar el tema, quiero dar otro argumento más de estos a mitad de camino entre el don del Espíritu Santo y la demostración. El universo es como es gracias a una finísima sintonía entre unas constantes que gobiernan sus leyes. Estas constantes son la velocidad de la luz, la constante gravitatoria, la de Planck, la electrostática y la carga del electrón. Si estas constantes no guardasen un improbabilísimo equilibrio, el universo podría haberse mantenido indefinidamente como una etérea nube de hidrógeno. O haberse condensado, en menos del tiempo que tarda en leerse esta línea, en un inmenso y único agujero negro. O vaya usted a saber qué. Pero no, desde luego, en este universo estructurado en estrellas, galaxias, cúmulos de galaxias, supercúmulos de galaxias, etc. Y, evidentemente, no existirían unos seres inteligentes, llamados hombres, que pudieran preguntarse cómo es el universo y cómo ellos mismos han llegado a aparecer el él.

El premio Nobel de física Roger Penrose estima en una entre 10 10^128 las probabilidades de un universo viable[4]. La cifra anterior no podría escribirse en notación decimal ni poniendo un 1 con tantos ceros como átomos componen el universo. Deberíamos preguntarnos si parece concebible que esta casi imposible casualidad se haya dado por azar. O si nos parece más razonable pensar que hay una mente creadora que ha planificado que el universo sea, precisamente, como es. A la medida para que nosotros seamos capaces de contemplarlo maravillados. El filósofo Guillermo de Occam enunció hace siglos otro principio que aún hoy en día goza de gran popularidad entre los investigadores. De forma coloquial se le llama la tijera de Occam y viene a decir que de dos explicaciones de un fenómeno, la más sencilla tiene más posibilidades de ser cierta. Naturalmente la tijera de Occam no es un principio de certeza, pero es bastante razonable. Y, si Gillermo de Occam aplicase al problema que nos ocupa su famosa tijera, ¿cuál sería la explicación más sencilla del universo, la de la casualidad o la del creador? Me parece que la pregunta es claramente retórica, de forma que no me voy a tomar la molestia de contestarla.

Sin embargo, quien no quiere dar el paso necesario para creer puede buscar un contraargumento a esa tijera. Se sugiere la posibilidad de que se hayan formado un número inmenso –¿infinito?– de universos. Una abrumadora mayoría de ellos no sería viable y, por tanto, no habría aparecido en ellos ninguna inteligencia capaz de preguntarse por el devenir de su cosmos. Tan sólo en unos pocos habría aparecido la consciencia. Uno de esos es el nuestro y, por tanto, lo que a nosotros nos parece una improbabilísima casualidad, no lo es en realidad. Es sólo el fruto de un casi infinito número de pruebas fallidas por el azar para obtener un éxito. De modo que, para eludir un problema, el de la inmensa improbabilidad de un cosmos aleatorio que desarrolle inteligencia, se crea otro mayor. Si no se puede explicar científicamente cómo, por qué y para qué aparece un universo, es necesario, ahora, explicar la formación de infinitos. Aún sigo creyendo que es más sencilla la explicación de un Creador y me parece que Guillermo Occam seguiría cortando con su tijera argumentos como el del inmenso número de universos inútiles. Pero, en cualquier caso, ni la existencia de un Creador, no la de un número inmenso de universos inviables, son comprobables empíricamente y no son, por tanto, científicas.

No tengo mucha confianza en mi capacidad de crear belleza con mi prosa, pero, aunque tuviese las dotes de Shakespeare, estoy seguro de que a ningún lector le habría recorrido la espalda un escalofrío de sobrecogimiento religioso al leer las líneas anteriores. Dudo también que ningún lector haya quedado racionalmente convencido de la existencia de Dios por lo anterior. Porque es sólo, y precisamente, el don de ciencia del Espíritu Santo el que, ante la contemplación de el cielo estrellado, puede hacernos decir con un escalofrío: Sí. Sí a tu existencia, Dios mío. No por lo que me diga la razón, aunque ésta no se oponga a tu existencia. Sí porque algo, en el fondo de mí mismo, me impulsa a reconocer como indudable tu probada o no probada existencia. Ese algo, sólo ese algo más allá de la razón, aunque no en contra de la razón, ese calor, esa alegría exultante y afirmante que confirma mi certidumbre, eso, es el don de ciencia del Espíritu Santo.

El don de temor de Dios.

Una vez que nuestra mente inspirada por el don de ciencia del Espíritu Santo ha dado el paso para afirmar asombrada la existencia de Dios, empieza a maravillarse de la grandeza de ese Dios que acaba de descubrirse. Uno puede conocer sólo su pueblo o haber viajado por todo el mundo. Puede saber apenas escribir o conocer todo lo que la ciencia humana dice de la grandeza del universo. Pero siempre, cualquier ser humano se da cuenta de su pequeñez frente a la más pequeña de las fuerzas de la naturaleza. Un poco de resaca en una playa puede acabar en minutos con la vida de una persona. Una fuerte lluvia, un árbol que se cae en un bosque, un viento impetuoso. Son tantas y tantas las cosas cotidianas que pueden dar al traste con nuestra vida.

No hay, por tanto, que ser un sabio para darse cuenta de la grandeza de la creación y de nuestra pequeñez. Sin embargo, un poco de conocimiento de nuestro universo puede hacer que se acentúe esta sensación. La marea, la lluvia, el árbol o el viento no son sino un minúsculo accidente en un planeta que tiene 40.000 Km. de circunferencia. Harían falta veinte millones de personas tumbadas una a continuación de la otra para abrazarlo. Todos los humanos vivos, apiñados como en una manifestación, cabrían en un territorio equivalente a menos del 1% de España, menos de la cienmilésima parte la superficie total de la Tierra. No somos nada ante la fuerza de nuestro planeta y lo sabemos. Pero nuestro planeta es menos que nada ante el universo. Vamos a dar un paseo por él.                                                                                    La Tierra es una esfera con un diámetro aproximado de 12.700 Km que gira alrededor del Sol en una trayectoria ligeramente elíptica, casi circular, de 150 millones de Km. de radio. Para expresar las magnitudes de algunas distancias, se toma como unidad esta distancia de la Tierra al Sol, que recibe el nombre de "unidad astronómica" (UA). La esfera solar tiene un  diámetro de 1'4 millones de Km. Esto quiere decir que dentro del Sol cabrían más de 1 millón  de  Tierras.  Si en vez de tamaño, hablamos de masa, la del Sol es más de 2 x 1027 Tm (un 2 seguido de 27 ceros), cantidad que no sé cómo se nombra, pero que podríamos describir como dos mil billones de billones europeos[5]. Como tampoco esto nos dice nada, diré que si una tonelada fuese una gota de agua, el Sol tendría la masa del Mediterráneo. Alrededor del Sol giran otros planetas, y todos juntos componen el Sistema Solar. El más exterior de estos planetas es Plutón, que tiene una órbita bastante elíptica, y cuya distancia media al Sol es de 5910 Millones de Km. o, lo que es lo mismo, 39,4 U.A.

La estrella más cercana al Sol es Alpha Centauri que dista 40,5 billones europeos de Km., ó 270.000 U.A. Dado que las distancias del universo son enormemente mayores, la U.A. se convierte enseguida en una unidad ridículamente pequeña y se utiliza el año luz, que es la distancia recorrida por la luz, a 300.000 Km/seg., en un año. Un sencillo cálculo nos dice que, 1 año luz es 9,44 billones de Km ó 63.072 U.A. Por lo tanto Alpha Centauri dista 4,29 años-luz de la Tierra.

El Sol, su vecina Alpha Centauri y otros 200.000 millones de estrellas más están agrupadas en un enjambre con forma de disco en espiral que es la galaxia de la Vía Láctea de la que ya hemos hablado. Nuestra Vía Láctea, tiene un diámetro de 100.000 años luz (evidentemente me niego a expresar esta distancia en Unidades Astronómicas y mucho menos en Km.), y el Sol se encuentra a unos 30.000 años-luz de su centro, es decir, más cerca del borde que del núcleo central. Tampoco el Sol es una estrella aparatosa. Si hablamos de tamaño, hay estrellas como Aurigae B cuyo diámetro es 2.000 veces el del Sol.

Pero la Vía Láctea es sólo una galaxia entre las más de los 100.000 millones de ellas que se estima pueblan el universo. Si vamos ampliando nuestro horizonte, como un paleto que empieza a salir de su pueblo, nos encontraremos con las Nubes Magallanes que son dos pequeñas galaxias que se encuentran a unos 500.000 años-luz de la Vía Láctea. Un poco más allá, a 2'7 Millones de años-luz, nos encontramos con Andrómeda, una respetable galaxia con un diámetro de 200.000 años-luz, que se estima tiene el doble de estrellas que la Vía Láctea. Estas cuatro galaxias Vía Láctea, Andrómeda y Nubes de Magallanes y varias otras más pequeñas, forman lo que se llama el Grupo Local. Este nombre parece indicar que todavía vamos por carreteras comarcales. Y es verdad, porque más  allá,  hasta  unos  15.000  Millones de años-luz, se extiende el vasto universo con sus 100.000 Millones de galaxias, la inmensa mayoría de ellas invisible a simple vista desde la Tierra.

Las galaxias no están uniformemente distribuidas por el espacio. Suelen aparecer agrupadas en racimos llamados cúmulos de galaxias. A una escala mayor, los cúmulos de galaxias aparecen agrupados en supercúmulos que a su vez se agrupan en formaciones filiformes que darían al universo, si lo viésemos con una perspectiva suficientemente amplia aspecto de una maraña de hilos con enormes espacios vacíos entre ellos.

Me gustaría terminar este paseo por el cosmos con un sencillo cálculo. Si el número de galaxias del universo se estima en 100.000 millones y cada galaxia tuviese un promedio de 200.000 Millones de estrellas, que es lo que tiene la Vía Láctea, esto nos ofrece a la imaginación un universo con 20.000 millones de billones europeos de estrellas. Número, desde luego, inimaginable. Ante un universo así, sólo cabe el asombro.

Y entonces surge la pregunta. ¿Qué es el hombre al lado de Dios? Y la respuesta. ¡Nada! Ahora puede llegar el don de temor de Dios. No creo que la palabra temor deba entenderse como miedo, sino como respeto impregnado de admiración por su grandeza. Yo no temo al mar tranquilo cuando me baño en él, pero sería estúpido de mi parte meterme a cien metros de la playa un día de fuerte marejada. A la mayor parte de la gente que se ahoga en las playas cada verano le sobreviene la desgracia porque su ignorancia le hace carecer del debido respeto por el mar. Ese respeto, en principio un poco temeroso, hacia Dios es el suscitado por el Espíritu Santo a través de su don de temor de Dios. Como he dicho antes, no es condición ni necesaria ni suficiente conocer la inmensidad del cosmos para experimentarlo. Millones de gentes sencillas lo sienten y, sin embargo, muchos científicos son incapaces de sentirlo. La soberbia es, con toda seguridad, el mayor obstáculo para este don del Espíritu Santo.

El don de inteligencia

Pero si uno está iluminado por ese don, el de temor de Dios, lo normal es que quiera conocer todo lo posible de ese mar en el que está inmerso lo quiera o no. Es enorme el número de religiones que hombres de toda época y lugar han desarrollado para entender a Dios. Sobre todas planea el problema del mal, del sufrimiento y, en última instancia, de la muerte. Casi todas, de una u otra manera buscan una esperanza de inmortalidad. Las más primitivas divinizan las terribles fuerzas de la naturaleza e idean ritos para evitar su ira o lograr su benevolencia. Otras más avanzadas buscan en el interior del hombre la sabiduría para evitar o, al menos, aceptar con estoicismo, la caprichosa voluntad de dioses personales o impersonales. Otras, por último, dicen que el propio Dios se ha revelado a los hombres para explicarles quién es, cómo es y por qué actúa de una determinada forma. Estas últimas son las llamadas religiones del Libro. Son el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Todas tienen un nucleo común, el Pentateuco. Sobre él, los judíos han añadido una serie de libros que no aceptan los musulmanes que, en cambio, han tejido sobre el Pentateuco, el Corán dictado, según dicen, directamente por Dios a Mahoma. Los cristianos, por su parte aceptan todo el texto sagrado judío, al que añaden algunos libros para formar el llamado Antiguo Testamento, sobre el que ponen los Evangelios y otros libros y cartas posteriores a la predicación de Cristo, formando el Nuevo Testamento que, junto con el Antiguo, conforman la Biblia.

Ni soy yo la persona ni este es el lugar para hacer un estudio comparativo de textos, pero todas las religiones del Libro aceptan el Génesis –aunque el Islam lo adapte a su manera– como el primero de ellos en orden cronológico. Ya en las primeras líneas del Génesis aparecen las bases del credo de las tres fes. El mundo ha sido creado por un Dios Todopoderoso y ha sido creado bueno. Las fuerzas de la naturaleza no son dioses. Antes bien, han sido puestas al servicio del hombre. Las tres aceptan también un principio del mal que ha aparecido, no por voluntad de Dios sino como un accidente. Este accidente ha sido posible a pesar de un Dios Bondadoso, Todopoderoso y Omnisciente porque éste ha limitado libremente su Poder para dar cabida a la libertad de algunas de sus criaturas, ángeles y hombres. Esta libertad es absolutamente necesaria para la plena felicidad de esas criaturas y, por eso Dios, tomando esta libertad y esta felicidad absolutamente en serio, no ha dado marcha atrás cuando el mal, un riesgo posible, ha hecho su aparición. Donde difieren las tres religiones es en la estrategia de Dios para arreglar el desaguisado por el que han entrado en el mundo el mal, el sufrimiento y la muerte.

Las tres religiones han desarrollado diferentes códigos de conducta para mitigar los males y lograr la inmortalidad, pero sólo una de las tres religiones, el cristianismo, ha tenido el atrevimiento de decir que el propio Dios ha tomado la condición humana, ha compartido los padecimientos de los hombres, ha sufrido la muerte, ha llevado a los últimos extremos la obediencia a la Voluntad de Dios y, así, nos ha abierto la puerta de la salvación.

La Biblia es un Libro inagotable en su profundidad y sabiduría. Sin embargo, uno puede leerlo cientos de veces y no ver en él más que un conjunto de historias, más o menos bonitas, más o menos edificantes, más o menos brutales, pero nada más. Otra persona puede quedar deslumbrada por una sola frase de este Libro de libros. La fuerza de la Palabra del propio Dios es enorme, pero no mayor que la libertad del hombre. Somos libres para aceptarla o rechazarla. Si la aceptamos empieza a actuar en nosotros el don de inteligencia. Inteligencia quiere decir leer entre líneas. Si uno lee la Biblia de forma reiterada y con apertura de espíritu, poco a poco se va formando un dibujo cada vez más nítido de las intenciones de Dios. Y poco a poco se comprende, se entiende, se atan cabos. Todo va encajando con todo, como en un inmenso rompecabezas en el que cada pieza tiene su sitio y, al mismo tiempo, la totalidad está presente en cada pieza. Se hace la luz y a esa luz todo cobra sentido. Nada es reemplazable por nada y todo es coherente con todo. Es el don de inteligencia el que está actuando.

Y actúa tanto en los que son inteligentes, humanamente hablando, como en los más simples. No es una cuestión de inteligencia humana, sino de actuación divina. Más aún, a veces la inteligencia humana, si nos lleva a la soberbia, se convierte en un freno para esa actuación. Por eso Cristo decía: “Te doy gracias, Padre, porque has revelado estas cosas a los sencillos de corazón y se las has ocultado a los soberbios”. Sencillez, humildad es la clave. Dios resiste a los soberbios. La Iglesia, que vela por que la palabra de Dios llegue completa a todos, no deja de leerla cada domingo, cada día, en la celebración de la Misa. Así, la palabra de Dios en su totalidad, amplificada y enriquecida por la caja de resonancia de la liturgia, puede ser oída íntegramente por cualquier hombre, aunque no sepa leer, en un ciclo de tres años. Y con ella va haciéndose la luz.

El don de piedad filial.

Y la luz que va apareciendo se llama Amor. El alma, a la luz de el don de inteligencia, se da cuenta de que todo empieza y termina en el Amor de Dios. La creación, el hombre, la libertad, la historia, todo nace convocado por la luz del Amor de Dios. Y la culminación de ese Amor es la entrega del propio Dios al plan de salvación del hombre amado y caído. Dios Hijo, deja el empíreo y se hace parte de la historia. Por el más grande acto de amor que se pueda imaginar se reviste de carne, nace, vive y muere con nosotros. Entonces, el código moral deja de ser un simple código mercantil con el que se pueden ir ganando puntos que nos hacen acreedores a un premio y se convierte en un código de salvación dado por Amor y sellado con la sangre del mismo Dios. Como un licor se obtiene a base de hacer pasar por el alambique una y otra vez el vino, así se va destilando en el alma del creyente la comprensión del Amor de Dios por la acción del su propio Espíritu.

Entonces es cuando entra en escena el don de piedad filial. De pronto nos sentimos hijos. Hijos amados hasta extremos que a la inteligencia humana le cuesta calibrar. Sólo el Espíritu Santo es capaz de hacernoslo comprender, saber y, sobre todo, sentir. Sólo Él nos permite hacernos otra vez niños, volver al claustro materno del Amor de Dios, para poder volver a nacer. Nos sentiremos, frágiles, pequeños, necesitados, pero confiados. Confiados en que ese Dios fuerte y grande es nuestro Padre y nos quiere y protege. Entonces nos sale del fondo del alma la llamada ¡Abba!, ¡Papá!. Si el don de la piedad filial nos acompaña, el miedo a los problemas de la vida, a las fuerzas de la naturaleza, al dolor, al sufrimiento, a la misma muerte, desaparece. El Señor de la vida, el que da órdenes a esas fuerzas, el que domina el dolor, el que ha vencido a la muerte es nuesto Padre, poderoso y protector.

Entendemos también, a la luz de la inteligencia de la Revelación que la protección de Dios no quiere decir que no vayamos a pasar por momentos de dificultad y de dolor. Nunca en la Revelación de Dios se nos ha prometido semejante cosa. Pero somos conscientes de que todos esos momentos, por terribles que puedan llegar a ser, son sólo un trámite. Que el fin es el descanso, la paz, el sosiego eterno en las manos de nuestro Padre. Agradecemos el regalo y aceptamos los trámites. Todo lo tenemos por basura con tal de ganar a Cristo y su salvación. Podemos pasarnos horas ante el Sagrario, donde, ilustrados por el Espíritu de inteligencia, sabemos, con una profunda certeza existencial, que está el mismo Cristo. Ahí buscamos la fuente de paz y armonía en medio del caos de este mundo y bebemos de ella. Ahí nos sentimos hijos amados. Ahí nos anonadamos. Si pudiera quedar algo de miedo a un Dios terrible, se esfuma como por ensalmo. Queda, por supuesto el respeto a su grandeza, el agradecimiento por venir a nuestro encuentro con su Revelación y con su entrega incondicional. Sí puede quedar un temor es el de no estar a la altura de su Amor.

El don de consejo.

Empieza a aparecer un sentimiento de necesidad de dar una respuesta. ¿Qué puedo hacer yo para responder a tanto Amor? ¿Qué necesita de mí este Dios? La respuesta es, obviamente, nada. Pero la bondad de Dios ha superado todos los límites. Además de hacernos libres ha concedido valor a nuestros actos. Dios Omnipotente pide permiso a nuestra libertad para actuar a través de nosotros. Nos permite darle una respuesta y cooperar con su plan de salvación, en la venida de su Reino de Amor, Verdad y Justicia. Pero, ¿cómo? ¿De que manera puedo yo colaborar para que venga tu Reino? Instruyeme, Señor. Dime que quieres que haga. Muéstrame tu Voluntad. Háblame al oído. Aconséjame.

Este y no otro es el don de consejo del Espíritu Santo. Se inicia entonces un diálogo entre nuestra libertad y la Voluntad de Dios. El Dios Todopoderoso sugiere en la intimidad del alma. Susurra, como una suave brisa o un arrollo, sus consejos a nuestro oído y, pacientemente, espera nuestra respuesta. Sutilmente nos interpela si ésta no llega. Si le decimos que no, si cerramos nuestros oídos a su llamada, no por eso nos abandona. El río de la vida nos lleva por caminos distintos, generalmente más ásperos y penosos que los que Él había previsto. La puerta que hubiese sido fácil de franquear con un sí a su llamada se va cerrando. Pero Él no ceja en su llamada y si la vida nos embalsa en una presa, Él busca nuevos cauces, nuevas y susurrantes sugerencias.

¡Pero si decimos sí! Si decimos sí, la estepa estéril de nuestra vida se va convirtiendo en un vergel. Poco a poco, imperceptiblemente, la aridez va dejando paso a la frescura, al jugoso verdor, al tierno sabor del fruto. Nos convertimos entonces en cooperadores con Dios en la nueva creación que es la salvación del mundo. Cooperar quiere decir actuar conjuntamente. Es decir, nuestro Padre es tan bondadoso que hace que nuestra existencia sea útil y fructifera actuando conjuntamente con Él y con Cristo en cumplir su Voluntad, que sabemos que es que no se pierda ni uno de los pequeños seres humanos que le han sido confiados. Nuestra cooperación puede llegar a paliar la sed de almas que tiene Jesús para que sean uno con Él y con el Padre. Entonces nuestra vida tiene sentido. Entonces tenemos una misión. Entonces nuestra existencia tiene una razón de ser: Salvar por Cristo, con Él y en Él, almas para Dios. Cuál sea el medio que debamos emplear para actuar en conjunto con esta Voluntad, es algo que el don de consejo nos sugiere si sabemos escucharlo. Pero ese medio, sea cual sea, tiene un requisto indispensable. El amor.

El don de fortaleza.

Así nuestra vida transcurre en este diálogo de síes y noes, en este diálogo con la eternamente fiel Voluntad de Dios y una contínua busqueda, por parte de Él, de caminos siempre transitables a partir de cada sí. Nuestros espejismos pueden hacernos creer que el no es más confortable que el sí. O que la forma en que más nos gustaría cooperar con la Voluntad de Dios es la mejor. Pero la forma más eficaz de salvar almas para Dios no tiene por qué coincidir con lo que más nos gusta hacer. A veces, tenemos que hacer aquello que no nos gusta o para lo que creemos no estar dotados. Y, desde luego, el espejismo de que el “no” es más cómodo que el “sí” es absolutamente falso.

Pero también Cristo nos ha avisado de que su Padre, el viñador, poda al sarmiento que da fruto para que de más fruto. A veces, la Voluntad de Dios puede requerir el heroísmo extremo. Otras veces, el no menos importante heroísmo de enfrentarnos cada día con algo que no nos gusta, con lo que no parece hecho para nosotros. Es la cruz de cada día. Es posible que la cruz sea tan pesada que nos caigamos bajo su peso. Pero es más corriente que la tiremos o que nos tiremos nosotros simulando que no podemos con su peso. En cualquier caso, necesitamos otra vez que Espíritu Santo nos ayude con sus dones. Esta vez es el don de fortaleza. Fortaleza para que el peso se aligere en relación a nuestras fuerzas. Fortaleza para no tirar la cruz o para no tirarnos nosotros mismos. Y también la vertiente más enternecedora de la fortaleza: El consuelo. El Espíritu Santo, dulce huesped del alma, puede ayudar a la fortaleza siendo también consuelo del alma, bálsamo para nuestras heridas, verdor para nuestra sequedad, humildad para nuestro orgullo herido por nuestra incapacidad para la tarea.

El don de sabiduría.

Y como un ceñidor que todo lo recoge, lo une y da sentido, el don de sabiduría. Aunque etimológicamente no sea correcto, me gusta relacionar sabiduría con saborear. El don de sabiduría nos hace saborear los momentos dulces que siempre hay en el seguimiento de la Voluntad de Dios y vivir de ellos y de su recuerdo en los momentos de lucha y dificultad. Nos permite representarnos la meta, el premio, en el momento de máximo esfuerzo que nos deja sin aliento, la cima a la que escalamos, en mitad de la niebla y el vendaval. Hace que ni la tribulación, ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre, ni la desnudez, ni el peligro, ni la espada nos puedan separar del Amor de Cristo. Hace que saboreemos, como un vino fuerte que calienta nuestros miembros, el Amor de Dios derramado en nuestros corazones. Tendremos, entonces sí, todo por basura con tal de ganar a Cristo.

Entonces se percibe en los dones del Espíritu Santo la esencia de las creencias cristianas. No son ya palabras sin sentido. Son Vida y son Luz. Son, parafraseando a Gabriel Celaya, “lo más necesario, lo que no tiene nombre. Son gritos en el Cielo y en la tierra son actos”.

¿Cómo alcanzar esos dones?

Me queda una reflexión, que es una pregunta, antes de terminar con las que voy desgranando. Y tal vez sea la más importante. ¿Qué hacer para alcanzar la maravilla de los dones del Espíritu Santo? Los dones del Espíritu Santo son eso, dones, regalos. Los regalos se dan gratis. No es nuestro esfuerzo el que los consigue. No hay esfuerzo capaz de conseguirlos. Sólo hay, por tanto, una manera de conseguirlos: Pedirlos en oración humilde. Oración de pobreza de quien se sabe necesitado de algo que no puede conseguir por sí mismo. Pedid y se os dará. Pidámoselos a Cristo Eucaristía. Dios, que es Bueno, no dará una piedra a quien le pida pan, sino que dará el Espíritu Santo a quien se lo pida. Tal vez no de forma inmediata ni en la forma que uno quisiera recibirlo, pero el Espíritu Santo, a fin de cuentas. Y en el momento adecuado. Pero si hay un medio particularmente eficaz de oración para conseguir el Espíritu Santo, ese medio se llama María.

Cada aparición de María en el Evangelio o en su continuación, los Hechos de los Apóstoles, viene acompañada de la efusión del Espíritu. En primer lugar a ella misma en la Anunciación. Lo recibe después san José, al soñar que debe aceptar como inocente a su desposada. Le llega a través de su mediación a su prima Isabel y a su hijo todavía no nacido, el Bautista, que da saltos de alegría en el vientre de su madre. La misma María, bajo la inspiración del Espíritu entona el Magnificat. Recae sobre los pastores y los reyes sabios de oriente cuando le piden a María que les enseñe al Recién Nacido. Inunda al anciano Simeón y a la viuda Ana cuando, humildemente, la Virgen va con su Hijo a cumplir el ritual de la circuncisión y la purificación. Vuelve a aconsejar a José para decirle que vaya a Egipto con su mujer y Jesús, para salvar la vida del Salvador. Le indica cuándo ha pasado el peligro y puede, por tanto, volver. Y le dice a dónde debe hacerlo. Inspira y esclarece la mente de los doctores cuando la madre encuentra al Hijo después de una afanosa búsqueda. Se derrama antes de lo previsto, por petición de María, sobre los novios de Caná y su agua el día de su boda. El sólo pensamiento de la madre de Dios pone en la boca de una mujer el “bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amantaron”. Recae sobre san Juan al pie de la cruz cuando recibe a María como madre del género humano. Lo recibe a través de ella Santiago, el hermano –primo– del Señor, que luego será jefe de la Iglesia de Jerusalén y que dará la vida por Cristo. El mismo Santiago que va a buscarle al principio de su ministerio para llevarle a casa, tomándole por trastornado. Y, por último, se derrama sobre la Iglesia reunida en oración alrededor de María, el día de su fundación en Pentecostes.

Es, por tanto, María la más segura mediadora para obtener estos dones. Cuando se los pidamos a Cristo Eucaristía, hagámoslo, pues, a través de su madre y nuestra insípida agua, será cambiada en fuerte vino.

Acabo con una reflexión de cómo el Espíritu Santo transforma todos los aspectos del cristianismo:

“Sin el Espíritu Santo Dios está lejos; Cristo pertenece al pasado; el Evangelio es letra muerta; La Iglesia es una simple organización; la autoridad, un dominio; la misión, mera propaganda; el culto, un recuerdo muerto; el obrar cristiano, una moral de esclavos. Con Él, el cosmos gime con los dolores de parto del Reino; Cristo ha resucitado y está vivo; el Evangelio es experiencia y vida; la autoridad, un servicio liberador; la misión es Pentecostés; la liturgia, memorial y anticipación; el obrar humano, gracia y libertad”.

Ignacio Hazim, metropolita de Lataquia, en la conferencia de apertura de de la Asamblea del Consejo Ecuménico en Upsala, sobre el tema: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” Apocalipsis, 21, 5.


[1] Gía de las dificultades de la fe católica de Pierre Descouvemont. Editorial Desclée deBrouwer.
[2] Billones europeos, es decir un millón de millones.
[3] El autor, Tomás Alfaro, tiene editado un libro sobre este tema bajo el título: “Más allá de la ciencia” en lla colecciñon dBolsillo de ediciones Palabra.
[4] Técnicamente se entiende por universo viable aquel que tenga una entropía lo suficientemente baja para permitir su desarrollo. Para los efectos de estas líneas podríamos definir universo viable como aquél en el que puede aparecer una estructura de planetas, estrellas, galaxias, cúmulos de galaxias, supercúmulos de galaxias, etc. que permitan la aparición de la vida y su posterior evolución hacia una complejidad que, eventualmente, pudiera crear un soporte para la inteligencia que sabemos existe en el cosmos.
[5] 1 Billón europeo = 1 millón de millones

14 de mayo de 2018

¿Tiene arreglo el problema catalán?


Si nada lo impide, esta tarde, bien con la abstención de la CUP, bien con sus votos favorables, Quim Torra será elegido Presidente de la Generalidad de Cataluña. Y no creo que haya nada que lo impida. Como tampoco creo que fuese bueno que algo lo impidiese. Por supuesto, este títere de Puchi me parece lamentable. Me lo pareció por el hecho de que Puchi lo nombrase a dedo. Me lo pareció más cuando leí sus tuits insultantes hacia todo lo español. Y alcanzó cotas más altas de lamentabilidad cuando pronunció su inaudito discurso de investidura, posiblemente redactado por el propio Puchi. Creo que hará bueno a Puchi, como Puchi hizo bueno a Mas. Pero, ¿serviría de algo que esta tarde no fuese investido? Es posible que esto forzase a nuevas elecciones. O puede que no, porque la lista de títeres de Puigdemont es interminable y debe haber Quimes Torras como para dar y tomar. Pero, aún si se forzasen nuevas elecciones, ¿se solucionaría algo? Me temo que no. Todo parece indicar que con unas nuevas elecciones la situación sería similar, si no peor, con un ascenso de la CUP. Entonces, ¿tiene arreglo el problema catalán?

Antes de contestar a esta pregunta quiero tocar dos temas candentes que enfrentan a C’s y PP. El primero, el asunto de los votos delegados de Puchi y Comín que, si la CUP se abstiene son decisivos para la investidura (si la CUP vota afirmativamente serían irrelevantes). El segundo, el mantenimiento de la vigencia del 155 aún después de la investidura.

Los votos delegados. Parece ser, aunque C’s lo duda, que los abogados del Estado han informado al gobierno de que en el caso de pedir la nulidad de estos votos, seguramente perdería el gobierno en las instancias jurídicas pertinentes. Y no parece que perder batallas legales sea una cosa conveniente. C’s dice que el gobierno no ha enseñado el informe de la abogacía del Estado, poniendo en duda su existencia y acusando a éste de no presentar esa batalla para ganarse al PNV para la causa de los PGE. Acusación tan grave como gratuita. ¿Debería el gobierno hacer público este informe, si existe? Mi respuesta es que no. De ninguna manera. Sería dar armas al enemigo. Más adelante volveré sobre esta acusación.

El mantenimiento del 155. Hasta ayer, todos los partidos constitucionalistas, C’s incluido, decían que lo que tenían que hacer los independentistas era presentar un candidato que no estuviese incurso en un proceso penal. Pues eso es lo que han hecho. ¿Que han presentado a un penoso títere de Puchi? ¿Alguien esperaba que presentasen a alguien cabal? ¿Que el discurso de investidura ha sido incendiario y sigue en la vía independentista? Cierto. Pero en un Estado de Derecho, cuyas normas hay que respetar escrupulosamente si se quiere que el problema catalán tenga arreglo, como comentaré más adelante, las intenciones no constituyen delito, sólo los hechos. Además, es más que dudoso que la autorización concedida por el Senado al gobierno para la aplicación del 155 admita esa prorroga. Copio textualmente parte del texto que el gobierno mandó al Senado para pedir su autorización y las puntualizaciones que el Senado introdujo al mismo.

Petición del Gobierno:

E.9 Duración y revisión de las medidas.

Las medidas contenidas en este Acuerdo se mantendrán vigentes y serán de aplicación hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno de la Generalitat, resultante de la celebración de las correspondientes elecciones al Parlamento de Cataluña.

Durante la vigencia de las presentes medidas, y en aquellos casos extraordinarios en que resulte imprescindible o inaplazable, el Gobierno de la Nación podrá plantear ante el Senado modificaciones o actualizaciones de las medidas inicialmente autorizadas, cuya procedencia será, en su caso, acordada por la autoridad u órgano que se cree o designe a tal efecto.

El Gobierno de la Nación podrá anticipar el cese de estas medidas si cesasen las causas que lo motivan, dando cuenta al Senado de esta decisión.

El Gobierno de la Nación dará cuenta al Senado del estado de aplicación y ejecución de las medidas contenidas en este Acuerdo con una periodicidad de dos meses.

Puntualizaciones del Senado:

h. Respecto del apartado E.9. Duración y revisión de las medidas:

En este apartado se contemplan previsiones respecto de la posibilidad de plantear modificaciones o actualizaciones de las medidas, así como de anticipar su cese si cesasen las causas que lo motivan.

Además, el Gobierno, atendiendo a la evolución de los acontecimientos y de la gravedad de la situación, llevará a cabo una utilización proporcionada y responsable de las medidas aprobadas por el Senado, modulando su aplicación si se produjeran cambios en la situación u otras circunstancias que así lo aconsejen.

Las negritas son mías, y parece que ni la petición del gobierno ni las puntualizaciones del Senado hablan de la posibilidad de alargar el plazo, sino de modificar y modular las medidas. La ley tiene sutilezas que a mí se me escapan, pero a la vista de los textos anteriores, no me parece que la aplicación del 155 sea prorrogable. En cualquier caso, prorrogarlo, podía llevar a una situación de riesgo jurídico que la prudencia más elemental hace, a mi entender, desaconsejable. Y, por si esto fuera poco, que es más que suficiente, tampoco para la necesaria batalla en el ámbito de la UE sería buena la prolongación del 155.

Por supuesto, una cosa es no prorrogar el 155 y otra muy distinta es no volver a aplicarlo si fuese necesario. El Presidente del Gobierno ya ha dicho que “el 155 ya no es sólo un artículo de la Constitución, sino un precedente y un proceso”. Y no sólo el 155. La aplicación de la ley, que antes era una cosa impensable en Cataluña, es ya también algo que seguirá sucediendo, no sólo en Cataluña sino, espero, en cualquier otra Comunidad Autónoma que quiera seguir ese camino. Es un aviso a navegantes. Si Torra es nombrado presidente y pasa de las incendiarias palabras de su discurso de investidura a los hechos, caerá sobre él, personalmente, el peso de la ley, Cataluña se encontrará de nuevo con el 155 y él haciendo compañía a su amo Puchi o a sus colegas Turull y compañía. El Presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, ha tomado buena nota de lo que le ha pasado a su antecesora Carmen Forcadell y ha tenido buen cuidado de no traspasar ciertas líneas, como la de intentar investir a Puigdemont. A amagado con pisarla, pero, al final, no se ha atrevido. ¿Se inmolará Torra? ¿Por qué lo dudo?

Vistos estos dos temas, me meto a intentar responder a la pregunta que da título a estas líneas: ¿Tiene arreglo el problema catalán? Si la pregunta fuese si el problema catalán tiene solución, mi respuesta sería un tajante NO. Entiendo como solución el hecho de que un día ocurra que en Cataluña haya un porcentaje de personas que quieren la independencia similar al que pueda haber en Comunidades como Andalucía o ambas Castillas o la valenciana o, incluso, Galicia, con su BNG, por citar algunas. Creo que nunca ocurrirá semejante cosa. Pero la pregunta no es si tiene solución, sino si tiene arreglo. Y a esta pregunta respondo con un cauteloso; podría tenerlo. Este “podría tenerlo” tiene un carácter afirmativo, si se dan ciertas circunstancias. Pero antes de ver cuáles puedan ser estas circunstancias, debo aclarar que, incluso de darse, este arreglo estaría en un futuro que podríamos situar en treinta o cuarenta años. Más o menos lo que ha tardado en arreglarse, aunque no totalmente, que no solucionarse, el problema del terrorismo de ETA. Quiero que quede claro que, a pesar de la gravedad de los delitos cometidos por los independentistas catalanes, no estoy comparando éstos con los del terrorismo de ETA. Pero el arreglo del problema catalán tiene que seguir los pasos que se han seguido para el arreglo, todavía sin concluir, del terrorismo de ETA. A saber: la aplicación rigurosa y equilibrada de la ley, sin desmayo, sin fisuras y con el consenso sin resquicios del bloque de los partidos constitucionalistas. Y este proceso es un proceso largo y de desgaste a largo plazo de la paciencia y capacidad de aguante de los independentistas. Un proceso en el que se den cuenta de que NADA de lo que hagan fuera de la ley sirve para NADA, de que NINGUNA ilegalidad les va a reportar NINGUNA ventaja y sí una respuesta legal INMEDIATA. Es decir, NADA de las tan cacareadas soluciones políticas. La independencia de Cataluña no está en cuestión de ninguna de las maneras y la tolerancia con las trasgresiones de la ley tiene que ser CERO. Es decir, a efectos prácticos, ni una sola competencia más transferida a ninguna comunidad autónoma. Personalmente, soy partidario de la recuperación de algunas de las competencias cedidas a algunas CCAA. Pero me temo que no es posible intentar algo así sin crear graves fisuras en el bloque constitucionalista –muy en particular por el lado PSOE/PSC–, así que tendré que tomar la misma medicina que dentro de unas líneas prescribiré a los independentistas.

Otra cuestión es el tema económico. Las medidas de asfixia económica que algunas voces piden, de forma irresponsable, ahogarían a toda la población de Cataluña y nunca hay que olvidar que casi un 50% de ella es, y se siente, española hasta las cachas. No sería de ninguna forma razonable que sufriesen esas consecuencias.

Todo esfuerzo inútil produce melancolía. Así, la lucha por objetivos ilegales inalcanzables, frenados sistemáticamente por la paciente, serena y metódica aplicación de la ley por un sólido bloque constitucionalista, con independencia de qué partido esté en el gobierno, producirá melancolía y desánimo en los independentistas. Y por ahí, sólo por ahí, puede venir el arreglo. Ese desánimo es el que ha llevado a ETA a darse cuenta de que la lucha armada no tiene el más mínimo sentido. Y será ese desánimo, el que lleve a los independentistas a darse cuenta de la total inutilidad de su empeño. En la lucha contra el terrorismo de ETA, el terrorismo del GAL no ayudó nada –es más, la perjudicó. El Estado de Derecho tiene sus propias armas, que son las únicas que tiene que usar. Y sus armas no están hechas para atajos, impaciencias y gestos grandilocuentes e inútiles. En la lucha contra el independentismo no puede haber atajos ni impaciencias. La melancolía y el desánimo del desgaste acaban con el pensamiento ideológico. Y cuando éste desaparece, se abre un hueco, aunque sea estrecho, para la luz de la razón. No creo que ésta lleve a los independentistas a darse cuenta de que no hay ni una sola razón objetiva para desear la independencia, pero al menos hará que guarden el sentimiento independentista, que por otro lado tienen derecho a tener, en el cajón de las cosas deseadas pero imposibles. Todos tenemos cosas de esas, deseadas e imposibles, en nuestros cajones personales. Y si, teniendo estas cosas, las tenemos con inteligencia y equilibrio, no nos hacen infelices. Antes al contrario, si sabemos convivir con ellas nos dan madurez y sabiduría. La felicidad no consiste en la ausencia de deseos inalcanzables sino en la sabiduría para saber coexistir con ellos serenamente. Así el independentismo, sin desaparecer, se puede volver sabio y maduro y encontrar su felicidad en esa sabiduría. Pues esa es la sabiduría que tendrán que alcanzar los independentistas catalanes, como parece que, de momento –toquemos madera– están alcanzando los vascos. Lo contrario es caer en un infantilismo estúpido que no lleva más que a darse golpes contra todo y lleva a la más triste infelicidad. Pero ojo con hacer la carga demasiado pesada. Ya he hablado antes de la diferencia que creo que hay que establecer entre las ausencia total de negociación política sobre la independencia y las medidas económicas que puedan ser negativas para Cataluña. Seguro que los deseos imposibles producirán alguna que otra rebelión esporádica y darán algún que otro susto, pero la constatación de su imposibilidad cada vez que haya una crisis de rebeldía, proporciona un poso más de sabiduría. Lo que ha impedido históricamente a esa sabiduría es el movimiento romántico, que ha demostrado en todas partes que no conduce más que a tragedias inútiles y, en definitiva, a la desgracia y el sufrimiento sin fruto alguno. De hecho, el nefasto movimiento romántico de la historia es el punto de arranque de todos los dolorosos y a menudo sangrientos nacionalismos e independentismos. Y como Europa no se ande con ojo con este romanticismo, se va a enterar de lo que vale un peine.

Una última reflexión. A la vista de lo anterior, me parece que todo intento oportunista de conseguir votos a costa de romper, con políticas de gestos, ese imprescindible sólido frente constitucionalista, aunque pueda tener éxito a corto plazo, es de una irresponsabilidad extraordinaria. Quien tenga oídos para oír, que escuche.

Así pues, paciencia y esperanza. El problema catalán puede tener arreglo, aunque no solución. Pero no mañana ni pasado. La paciencia es la virtud de los fuertes. Los gestos aparatosos son el recurso de los impacientes. Habrá que ejercitar la paciencia. Si no, el condicional expresado más arriba de que podría tener arreglo, recibirá una respuesta negativa.